Nueve de la mañana reza el despertador, apenas logro abrir los ojos para buscar aquel aparato y poder golpearlo hasta que calle el ruido infernal. De entre la resaca que me dejo la farra de anoche, intento ponerme en pie y dibujar lo ocurrido, la memoria me traiciona y apenas recuerdo lo mucho que bebí y que me quede sin dinero; sin embardo salgo victorioso en pie y dispuesto a lo que venga en el día.
Porque siempre se pierden las llaves del carro es un misterio, pienso que debí haberlas bendecido junto a meche ven, un san remo del 90 que alcance a comprar con la liquidación que me dio una empresa de seguridad tras 35 años de trabajo; en fin después de media hora de incesante búsqueda me doy cuenta que estuvo donde siempre la guardo, la agarro y de paso al letrero que pone TAXI. Cierro la puerta con seguro y parto sin despedirme, después de todo las rosas plásticas y los cuadros falsos no pueden responder.
Han pasado dos horas que ni se han sentido con el magnético cantar de J.J., el problema es el gruñir de mi estomago y que no he levantado a nadie. Tal vez si lo pintara de amarillo me vaya mejor, pero a meche nunca le ha gustado ese color. Después de serpentear el centro histórico por otra hora más una pareja me detiene
-jefe cuanto hasta el IESS - me dice el tipo, su rostro se esconde tras unas gafas enormes ray ban, quizá para tratar de ocultar su inmadurez, o intentar resultar sexy para su acompañante.
-por ser usted dos dólares- respondo, poniendo la mejor cara que pude, y tratando de ocultar el vacio de un diente perdido en una riña con unos tipos que en alguna ocasión no quisieron pagar.
-ni que fuera de oro - me dice el hijueputa mientras se aleja... No es un buen día, me digo mientras el auto avanza.
Av. Colon alcanzo a leer en el letrero de enfrente, Av. Amazonas pone la intersección, ojala como Colon llegue a algún destino mejor que el que deseo o al menos hacia algún cliente entre este rio de huebones.
Me pone malhumorado el calor y el hambre, aparte el trafico es insoportable; aprovecho el rojo-sátira del semáforo y escucho que en la radio pasan los resultados de la jornada futboleroligiosa... un golpe seco contra el cristal me saca del estadio radiofónico
-papeles caballero- me dice un chapita regordete y con mostacho- de seguro pensó joderme...
-todo en orden- le pregunto mientras le entrego los documentos falsos que un amigo me consiguió a cambio de un favor
- por mi parte si- contesta -lastima por usted- continua el oficial mientras se guarda los documentos entre el gruñir de su panza y el ruido de algunas bocinas-yo sin desayuno y usted sin papeles...
No es un buen día, me digo No es un buen día...